On a personal note…

Desde la última vez que escribí sobre mi proceso de transición han pasado una serie de cosas.

  • A principios de año, después de volver de mi estancia en la Ciudad de México, estaba en un peso y talla alarmantemente alto, además de que estaba sumamente deprimido y tenía ataques de ansiedad constantes.
  • Mi desorden alimenticio (DA) empezó a ser más de lo que podía controlar, no solo tenía atracones con mayor frecuencia, empecé a tener mucha ansiedad por la sola de idea de comer, fuera algo saludable o no.
  • Dejé momentáneamente el veganismo para comenzar una dieta proteica a base de mariscos y vegetales. No carbohidratos, no azúcar. Mi objetivo era perder entre 10 y 15 kg para empezar el tratamiento con testosterona.
  • Perdí 10kg! Y ahora llevo un mes en testosterona. Aún soy pecetariano y aún tengo mucho por perder.

Sobre todo, todavía tengo un desorden alimenticio, y todavía tengo obesidad. Anímicamente estoy cien veces mejor que hace meses. Los sentimientos suicidas y la ansiedad constante han prácticamente desaparecido al comenzar las hormonas. Algo que me ayudó mucho a perder peso fue un medicamento que me quitaba la ansiedad por comer, ese aún lo tomo y he notado que cuando no lo hago, la ansiedad vuelve y me salgo con extrema facilidad de mi régimen.

Aunque así lo parezca, aunque la mayoría del tiempo me sienta, incluso, como si todo esto hubiera acabado, la verdad es que no es así. Quiero hablar de mi DA, de cómo lo he llevado, y cómo pienso ayudarme desde ahora. Esta es una nota personal.

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Diarios / Journals

 

Tenía 18 años, era el verano del 2013 y estaba terminando la preparatoria. La escuela a la que iba era una prepa tecnica y me requería hacer prácticas profesionales para graduarme, a pesar de que nunca me titulé como técnico electrónico porque apenas aprendí a medir el amperaje(?) de una resistencia.

Durante mis prácticas profesionales en el área de servicio técnico de un museo de la ciudad, empecé a desarrollar, aunque no lo reconocí hasta mucho después, síntomas de ansiedad y depresión, a raíz de sentir la incertidumbre del futuro; quería ser escritor o periodista, y estudiar algo dentro de las humanidades o la comunicación, pero en mi día a día no hacía nada semejante. En la escuela llevaba materias todas de ciencias exactas, en la tarde actualizaba el software de PC’s e iba a clases de francés. No tenía mucho tiempo para leer o escribir, algo que pensaba que necesitaba hacer a toda costa si quería ser el siguiente comunicólogo nacional a la altura de Denisse Dresser o Carmen Aristegui (sí, yo era ese morrito de prepa). Comencé a sentirme cansado todo el tiempo, triste o melancólico sin ninguna razón aparente y además, empecé a comer. Fue probablemente la primera vez en la que comía una cantidad ridícula de dulces y pasteles solo para aliviar el dolor o llenar el vacío o lo que sea. Necesitaba sentirme bien, rápido, pero solo duraba minutos.

Después de graduarme, habiéndome inscrito a la carrera de Letras Hispánicas, mi depresión no hizo más que empeorar, esas vacaciones empecé a autolesionarme, lo único que podía hacer era ver blogs en internet e interminables series. En esa época salió la primera temporada de Orange is the new black, Orphan black, The fosters; también se estrenaron las películas G.B.F, 52 Tuesdays, Breaking the girls. Ese verano devoré todo eso y más de las series y películas que habían salido en años anteriores. Mi mente había llegado a tal deterioro que solo podía concentrarse en las historias de ficción puestas ante mí y si no lo tenía, si mi mente caía en la realidad, comenzaban las conductas autodestructivas, la autolesión, los atracones de comida, el llanto sin parar.

Comencé la terapia psicológica en noviembre de ese año, justo después de haber terminado una brevísima relación que tuve con una chica que también sufría de depresión, ansiedad y un desorden alimenticio. Después de darnos cuenta que Yo no necesito ayuda, tú necesitas ayuda; no, tú necesitas ayuda, yo no! no nos llevaba a ningún lado, nos tomamos un “break”, aunque no fue sencillo, pues me sentía profundamente traicionado, no tardé en darme cuenta que eso era lo mejor para los dos. Al año siguiente empezó mi costumbre de escribir en un pequeño cuaderno lo que sentía, a modo terapéutico. Hoy me doy la oportunidad de presentarlo; esto, también como un ejercicio terapéutico.

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