Esta es mi normalidad, ser quien no soy seria para mí la muerte.

Esta semana mi terapueta me dejó de tarea que escribiera una autobiografía. Hacerlo me hizo recordar la época de la secundaria y la clase de cosas por las que tuve qué pasar… (NOTA: las siguientes anéctodas son del tiempo en que me identificaba como una adolecente lesbiana, aún así, hablaré de mí mismo en femenino porque eso me hace sentir más cómodo y porque sé que siempre he sido un chico…)

En mi infancia nunca tuve vergüenza de ser quien realmente era.  Siempre fui el chico raro, diferente a todos, me gustaban cosas “raras”, temas poco comunes para un chico de 12 años, leía mucho (y sí, me hacían sentir mal por eso), incluso la manera en la que hablaba era algo extraña… Y cada vez que alguien me lo decía me llenaba de orgullo. No era que me gustara sobresalir, simplemente estaba orgulloso de no ser como la mayoría, me gustaba ser yo mismo. Pero al entrar a la secundaria muchísima gente me hizo sentir que ser diferente era algo malo. Tenía pocos amigos, algunas personas se burlaban de mí, la psicóloga de la escuela y mi madre me dijeron múltiples veces que tenía que acoplarme, que tenía que pretender que me gustaban los temas de los que las otras niñas hablaban y así haría amigos. Me dijeron que tenía que ser alguien más. Por supuesto, yo era mejor que eso y jamás cambié ni un poquito. Me costó tiempo pero por fin pude hacer amigos auténticos, que me conocían y que me querían por quien realmente era. (Fuck the psychologist, right?).

A los 14 años descubrí que me gustaban las mujeres, pasaron una serie de cosas y la psicóloga me obligó a decírcelo a mi madre. Mi madre lo tomó muy bien (bueno, le tomó un tiempo hacerse a la idea y tuve que decirle un par de años después que estaba seguro de que me gustaban las mujeres y que no iba a cambiar), pero en ningún momento me hizo sentir mal por eso, jamás me dio un comentario negativo, simplemente estaba preocupado por lo que en la escuela fueran a hacer (era un colegio de monjas), su prioridad era mi seguridad y felicidad después de todo.

Cuando le dije a una niña que me gustaba hizo un drama total. Dijo que hablaría con la directora, la psicóloga tomó el control del asunto antes que se enteraran los de arriba, pero me dijo que si se salía de control yo sería el que se tendría que ir del colegio. Acordamos que yo no podría voltearla a ver nunca más, que no me sentaría cerca de ella, los maestros no nos pondrían en equipos juntos, que yo no hablaría con ella nunca más. (Quiero recordarles que lo único que hice fue decirle a esta niña que me gustaba, pero aparentemente en un colegio de monjas, cuando una niña le dice a otra que le gusta es el equivalente a acoso sexual). Eso estaba bien, no me importaba, pero las cosas no mejoraron a partir de ahí.

Aaunque la psicóloga le dijo que por favor no se lo dijera a nadie, que era algo personal, que era lo mejor si se quedaba todo dentro del cubículo, a ella le valió vrg y gran parte del salón estaba enterado. Yo no tenía amigos dentro de mi grupo (they were full of shit), pero tenía un gran grupo de amigos en el grupo de al lado. La psicóloga, con quien iba seguido ya que no soportaba estar en mi grupo (demasiada negatividad era mandada hacia mí) me dijo que múltiples veces algunas niñas de mi saló se acercaban a preguntarle si yo era lesbiana;L amigos en la preparatoria, cuando pensaba que esa época ya se había acabado, me confesaron que en aquel tiempo a ellos igual les preguntaron si a mí me gustaban las niñas, como seres humanos que eran ellos nunca dijeron nada.

En una ocación una maestra dijo frente al salón que si una niña pensaba le gustaba otra niña lo más probable era que estaba confundiendo afecto amistoso con amor (of fucking course que se refería a mí ¿cuántas veces se hacen ejemplos de juventud queer con niñas? Y más en aquellos tiempos donde el rostro de la comunidad gay eran solamente varones.) I felt like shit, sentí que todos en el grupo me miraban, que mis sentimientos no importaban, que yo era una gran broma frente a todos. Y no podía defenderme porque “nadie” sabía que yo era queer.

Empecé a trabajar solo, cuando los maestros decían que podíamos trabajar en equipo yo no lo hacía. En una ocación la maestra de la anécdota anterior me dijo que “debía aprender a trabajar en equipo, que era bueno para mí” yo opino que ella debía aprender a callarse la boca. Me sentía muy solo y vulnerable en mi propio grupo, era horrible. Cuando estaba con mis amigos no era mejor, tenía miedo de decirles y que me rechazaran (hoy sé que si lo hubiera hecho ellos jamás me hubieran rechazado).

Sé que esta historia no es trágica, sé que debe de haber muchos otros adolecentes queers a quienes sus familias y amigos los rechazaron, que fueron golpeados, que se rieron en sus caras. En comparación yo tuve suerte. Pero a lo que quiero llegar no es una historia trágica. Todo lo que me pasó en esos tiempos me hicieron quien soy hoy.

Sigo pensando que no hay mejor persona que pueda ser que quien soy hoy. Salir del clóset como lesbiana en aquel entonces fue difícil, y hoy que estoy planeando salir del clóset como hombre trans sé que lo que me espera no puede ser peor. Hoy tengo un poco de esperanza en que mi familia no lo tomará a mal, desde el principio ellos no han querido otra cosa que mi felicidad, igual que antes, sé que el tiempo los ayudará a entender.

Estudio letras, mi universidad está llena de humanistas, dudo que sea yo el primer alumno trans, no preocupo por la aceptación ante mis profesores o compañeros pues sé que no será la gran cosa para ellos (y si acaso lo es, mi comunidad de amigos ahí es bastante fuerte y sé que no dejarán que me pase algo malo).

Es verdad, tuve suerte, porque sobreviví los malos tratos a la tierna edad de 14 y 15 años y además aprendí de ellos. Quisiera poder decirle a todos los adolecentes queers y trans que no tengan miedo pero aun más quisiera ir con todos esos bullies y maestros ignorantes y decirles todo aquello que no tuve el valor de decir cuando era más pequeño. Nadie tiene el derecho de hacer sentir mal a un adolecente que solo trata de ser él mismo.

Por último, recuerda siempre que quien eres en este momento, no es más que el recuento de todo lo que has vivido. Si fue bueno o malo, todo resultó en quien eres ahora. Tal vez los malos tratos te hicieron más fuerte, piénsalo. No veamos esos años de inseguridades y tristezas con vergüenza. Apropiate de tus experiencias y date cuenta que forjaron el hombre o mujer que eres hoy.

A fin de cuentas todo pasa por una razón, y ese viaje te ha traído hasta donde estás hoy y te seguirá llevando a nuevos lugares.